El presidente chino Hu Jintao no dejó nada librado al azar, todo salió a la perfección. Las 91 mil personas que presenciaron esa solemne presentación vibraron ante cada repaso de la rica historia cultural del país más poblado del mundo, que se realizó durante la celebración.
Los números muestran la majestusidad de la presentación dirijida por el cineasta Zhang Yimou: "El nido de pájaros" como se conoce al estadio construido para los juegos, que costó 500 millones de dólares, fue el escenario donde actuaron 14 mil artístas, 9 mil militares, y donde se desplegó una máquina de escritura gigante, un pergamino de 800 kilogramos y una bola imponente que surgió de la tierra que simulaba ser un mundo por donde 54 actores corrían y hacían piruetas, entre otras cosas.

Hubo más de 15 mil vestidos utilizados en la ceremonia, y se lanzaron 30 mil fuegos artificiales desde dentro y fuera del increíble estadio.
Sin duda que fue una presentación que quedará en nuestra memoria. El encendido del pebetero olímpico también fue impactante. Li Ning, el ex "Príncipe de la Gimnasia", que ganó tres medallas de oro, dos de plata y una de bronce en los juegos de Los Angeles 84, fue el encargado de portar la antorcha en los últimos metros de su engorroso recorrido por todo el mundo. Claro que no lo hizo de una forma habitual, sino que corrió en el aire alrededor de la parte superior del estadio que clamaba de emoción.La espectacularidad de estos juegos intenta ser una vidriera de un sistema político que deja muchas dudas. El gobierno chino, al que muchos catalogan como comunista, pretende utilizar esta celebración deportiva para mostrar todo su poderío. Es innegable la relación existente entre la política y el deporte, que tanto daño le causa al segundo. Alrededor de 80 jefes de estado estuvieron presentes en la ceremonia.
Pero detrás de toda esa parafernalia y esta imagen "futurista" o "desarrolista" de China se esconden aspectos oscuros del gobierno de Hu Jintao que no pueden pasarse por alto.
China viene creciendo desde hace años con cifras de dos dígitos y todo indica que será la potencia económica del futuro; claro que este impresionante crecimiento a nivel productivo tiene sus consecuencias. Estudios ambientales recientes como el de la "Agencia de Evaluación Medioambiental de Holanda" indican que China pasó a ser en los últimos años el país que más contamina en el mundo, destronando a Estados Unidos.
El excesivo uso de carbón parece estar detrás de este notable incremento de emisión de gases responsables del efecto invernadero (dióxido de carbono), que produce el calentamiento global.

Este tema impostergable en la agenda de los paises más poderosos del mundo requiere de un tratamiento inmediato. Deben dejar de pasarse factura los unos a los otros y reducir sus emisiones de CO2. Para los juegos, China puso en funcionamiento ciertas medidas para mejorar la calidad del aire infectado con un smog altísimo que respirarán los deportistas; pero todas estas disposiciones parecen políticas momentáneas que quedarán sin efecto cuando terminen los juegos y Beijing vuelva a su caótica realidad.
"La otra Beijing", como la califica la periodista china Anita Chang, "desinfectada y retocada", donde, según cuenta en un artículo escrito recientemente para Clarín, se ocultan fachadas de edificios, se levantan puestos de vendedores ambulantes y se impide la circulación de la mitad de los automóviles, sólo es una foto retocada y manipulada de la realidad.
Detrás de este fantástico holograma montado por el gobierno chino para estos juegos se esconde a millones de pobres y a políticas sociales conflictivas.
Hace tiempo que está en en tintero el tema de la represión en el Tibet. El Dalai Lama, líder espiritual de los budistas tibetanos, exiliado y refugiado en la India desde 1959 catalogó como un "genocidio cultural" la embestida armada llevada a cabo por el ejército chino en aquella pequeña ciudad ocupada militarmente y que pretende una cierta autonomía del gobierno. Hubo cientos de muertos y miles de desaparecidos, que el gobierno chino niega.

Este conflicto lleva a otro que se está produciendo en estos juegos, que es el de la censura. En su afán por mostrarse como un país ordenado y en continuo desarrollo, el gobierno niega los discursos disidentes y castiga a quienes los propagan. En los últimos días se multiplicaron las denuncias de censuras por parte de periodistas que protestaron por la imposibilidad de acceder a ciertos sitios de internet. Entre ellos, el de Amnistía Internacional, la organización que denuncia la represión del gobierno chino, y que lanzó un comunicado donde criticaba a Hu Jintao y a sus políticas que violan los derechos humanos. Otros sitios bloqueados fueron los vinculados al movimiento espiritual Falung Gong, donde se expresaban diversos discursos antigubernamentales.
Lo más reprochable de todo este marco de censura que engloba a los juegos es la agresión sufrida por varios periodistas de diferentes paises, como Francia, Australia y Japón, entre otros. Varios de ellos fueron detenidos y agradidos por militares que los obligaron a borrar imagenes de sus cámaras de video y en algunos casos hasta llegaron a romper los equipos de trabajo. Una muestra de la intolerancia del gobierno chino con respecto a las voces disidentes y el celoso trabajo que realiza para proteger la imagen que pretende transmitir al mundo.
Estos juegos, empañados por todas estas irregularidades, es otro caso de como el deporte sirve a los gobiernos para tapar cuestiones engorrosas que se esconden bajo la alfombra. En este caso, represión, contaminación y censura, tres aspectos para criticar de China y que la comunidad internacional no puede pasar por alto, y debe hacer oír sus quejas.
El deporte sirve una vez más como cortina preciosa para políticas controvertidas que merecen ser atendidas y discutidas (nosotros como siempre tenemos nuestros antecendentes en estos temas; el mundial de fútbol de 1978 tiene muchos paralelismos con el uso que el gobierno chino hace de estos juegos olímpicos, en aquel entonces se escondió la desaparición de 30 mil personas por parte del gobierno de facto que gobernó en el país desde 1976 hasta 1982).
Estos lazos entre la política y el deporte son inevitables, pero deben criticarse. El segundo no debe servir al primero, la relación debe ser al revés, sino se manchan este tipo de competencias que unen a todo el mundo y de la que gozan deportistas y espectadores de toda clase.
Por el bien del deporte, ojalá la política sea piadosa y no lo destruya por completo.



