Esto a dejado de ser una lucha sectorial en materia económica, desde hace rato. Antes los dirigentes de la mesa de enlace pretendían justificar sus recurrentes protestas mediante este pretexto, pero ya quedó claro que es una lucha de poder.
Hugo Biolcatti, el presidente de la Sociedad Rural hablando de pobreza, y extendiendo los límites del debate inicial por las retenciones móviles a las exportaciones de algunos productos agropecuarios es una muestra de ello.
Las palabras del jefe de Gabinete Aníbal Fernández criticando la historia de la entidad nombrada anteriormente, también es una muestra de que hay algo detrás de esos 10 mil millones de pesos en disputa entre el fisco y las agrupaciones de productores rurales.
De todos modos, ya canso esta pelea de sordos. No hay capacidad de escuchar y generar políticas consensuadas. Nadie cede, quizá por una cuestión más de orgullo que de otra cosa a esta altura del pesado debate. O tal vez incapacidad.
Si no hay acuerdos en estos encuentros dialoguistas auspiciados por el gobierno, deberían acudir al Congreso con sus peticiones, como dicen que hacen los dirigentes agrarios, y limitar a ese recinto el debate, sin caer en espectáculos desagradables como el discurso de Biolcatti y su repentino interés por la pobreza.
Me causó el mismo desagrado escuchar salir de la boca de este dirigente representativo de los sectores oligárquicos, palabras compasivas con respecto a los que menos tienen, que cuando lo hace Cristina Fernández, la multimillonaria presidenta de la nación.
Se aprovechan de los pobres hasta en sus discursos. No sólo les son funcionales a la hora de votar, sino que también los usan para persuadir a la gente en que ellos son los buenos de esta película que posterga más de la cuenta su seguramente triste final, en el que los más favorecidos van a ser como de costumbre los que más tienen.
Me da lástima por la gente del campo de verdad, que Biolcatti haya quedado como la figura representativa de este sector que tanto trabajó y trabaja para el avance productivo de nuestro país.
Del lado del debilitado gobierno el panorama no es mucho mejor. Aníbal Fernández, el ladero de Néstor Kirchner encabeza las negociaciones, con la intransigencia que lo caracteriza. Ante las cámaras de los programas periodísticos se lo ve como un santo que procura la paz y el amor, pero puertas adentro difícilmente cambie su carácter poco proclive a los consensos. Sabe que no puede mostrarse desafiante ante la opinión pública luego de la derrota electoral que condenó justamente ese tipo de posturas, pero la esencia de las personas se mantiene a lo largo de sus vidas.

Veremos si el nuevo Congreso allana el camino de este conflicto que amenaza con generar (si no es que ya los generó) más problemas económicos y sociales de los que ya están presentes en el país. Hasta diciembre, fecha en que asuman los nuevos congresistas, no veo salida racional al tema. Las retensiones a la soja son un pilar de financiamiento que el gobierno no está dispuesto a ceder, y las rentas extraordinarias que genera ese cultivo es algo que los grandes productores agropecuarios no están dispuestos a compartir con los demás sectores y con los productores más pequeños del campo.
En el fondo, esta me parece una pelea entre un Estado que busca ese dinero para financiar cuestiones alejadas de las necesidades urgentes del país (como lo hizo hasta ahora según los muestran los índices crecientes de pobreza y desigualdad social), y sectores pudientes dentro del mundo económico que buscan mayores rentas propias, utilizando a los sectores más postergados, y persuadiéndolos con patrañas como las que se escuchan en los discursos más politizados del conflicto.
¿Izquierda vs. Derecha? No, son todos parte de lo mismo.

Mañana ya se van a empezar a producir algunas manifestaciones, y si el martes que viene cuando se produzca la cuarta reunión entre el gobierno y la mesa de enlace, no se generan algunos avances en los puntos en disputa, Alfredo De Angeli dijo que volverán a cortar las rutas.


Hizo un llamado a aunar esfuerzos y poner inteligencia en un mundo que “se cae a pedazos”. Expresó que hay “procesar democráticamente las diferencias”, teniendo en cuenta el interés común, y agregó que hay que “pensar primero en los demás, algo que a veces nos olvidamos”. Pidió responsabilidad a todos los sectores de la economía y la sociedad, y recalcó el contraste que le produjo ver como vivían en un pueblo de Salta con respecto a otros “paisajes” que encima “patalean y protestan”, indirecta más que directa para el campo. 

