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martes, 12 de mayo de 2009

TANTO KIRCHNER COMO LA OPOSICIÓN PONEN TODA LA CARNE AL ASADOR

Ya está todo definido, Kirchner se juega su futuro político en la provincia, y Scioli lo apoya testimonialmente, como se venía especulando. El ex presidente será candidato a diputado, y encabezará la lista del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, secundado por el gobernador de dicho distrito electoral, que de ganar, nunca asumirá su banca. Tercera irá Nacha Guevara.
La oposición también pone lo mejor que tiene en términos de imagen. De Narváez encabeza la lista del PRO, seguido de Solá, y Stolbizer va primera por la alianza denominada Acuerdo Cívico y Social. El hijo de Alfonsín irá segundo en este espacio.

En Capital, Michetti va primera en la lista del PRO, que competirá con Heller, que es apoyado por el oficialismo, con Prat-Gay, del Acuerdo Cívico y Social (Carrió irá tercera), con Ibarra que no acordó con ningún espacio, con Zamora que vuelve al ruedo político con Autodeterminación y Libertad, con el cineasta Pino Solanas que figura tercero en muchas encuestas, entre otros.

Van a ser unos comicios determinantes, no tendrán un final caótico como vislumbra el ex presidente Néstor Kichner en caso de que el PJ pierda en la provincia de Buenos aires, pero si serán muy influyentes en el mandato de Cristina Fernández, que hasta el 2011 será la presidenta de la Nación (algo que no está en duda y que nadie se atreverá a discutir).

En las provincias más importantes en términos de población y por su peso económico, como son Santa Fe y Córdoba, el gobierno sabe que pierde, con Reutemann o Giustiniani en el primer caso, o con Juez o Schiaretti en el segundo caso.

Por eso, la provincia se ha vuelto imprescindible para el gobierno que pone en juego casi 50 bancas, que para mantener, deberá obtener cerca del 50% de los votos.

Con respecto a esto último, creo que está será una de esas elecciones en las que todos se van a declarar ganadores. Haciendo un poco de futurología, imagino a un Kichner eufórico por un triunfo en Buenos Aires, aunque pierda algunas bancas y no llegue al porcentaje necesario para mantener las que ya posee el oficialismo. Por el lado de la oposición vislumbro a los referentes de las alianzas opositoras dando muestras de sus “magníficas” elecciones, y de los escaños que podrán ocupar en la legislatura. Me da la sensación de que con tanto en juego, nadie se atreverá a asumir la derrota, porque esto significaría el alejamiento de la contienda del 2011, donde muchos ya tienen puestos los ojos. (Al margen de esto, hay que indicar que el ex presidente Carlos Menem ya se postuló para dichos comicios apoyado en un partido desconocido de Mendoza. Sin comentarios.)

No creo que haya grandes sorpresas, las encuestas por más de que inclinan la balanza para el lado de quienes las solicitan, rara vez se juegan su prestigio arriesgando números muy alejados de la realidad.

Lo mejor vendrá después de diciembre, cuando los que ganen sus puestos en el Congreso asuman sus cargos. Allí se podrán cruzar figuras con miradas antagónicas de la realidad del país, y si efectivamente asumen el cargo para el que fueron elegidos y concurren a los debates (no como los casos tristemente célebres como el de Macri que dijo que no iba a sesionar por que se aburría), se podrán observar intercambios jugosos que enriquecerán una institución que viene golpeada por los regímenes híper presidencialistas de nuestro país.
Como estamos acostumbrados a que proyectos de ley se aprueben a libro cerrado, y sólo siguiendo indicaciones de los líderes partidarios, el parlamento está en un segundo lugar de las consideraciones de los argentinos, pero es el principal exponente de la democracia, donde realmente se discuten ideas, se expresan las diferencias y se exponen las diversas opiniones. Por eso, sea quien sea el que gane, espero que al menos esta arriesgada jugada de todos los sectores exponiendo sus máximas figuras enriquezca una institución tan importante para este sistema de gobierno en el que estamos inmersos, como lo es el Congreso.

Con el discurso tremendista de que si no se obtiene la mayoría no se puede gobernar, no se hace más que seguir vapuleando a este poder de la democracia que requiere de legisladores con convicciones, que no se escodan debajo de una bandera partidaria y voten según sus creencias y visiones acerca de tal o cual proyecto.

Ojala que aquellos que ganen un lugar en el Congreso entiendan esto, y no voten según indicaciones de superiores, ni rechacen por el sólo hecho de ser opositores.


El manso de Néstor

Tanto que criticó a Macri, ahora Néstor lo imita. Recorre cuadras y cuadras del conurbano en busca de llegar a la gente, al pueblo, a sus votantes. Los besa, los abraza, los aconseja y les da respuestas sin subir el tono de voz.
Qué cambiado está el ex presidente que desde el atril parece un enfurecido y voraz político que amenaza con arremeter contra todos los que se opongan. Ahora no, cambió el tono, está jocoso, contemplativo, conciliador, siguiendo las instrucciones de sus asesores, que le recomendaron dejar los gritos y las ofensas.

Lo llamativo es que Néstor haga caso de estas indicaciones cuando se cansó de fustigar a Macri, que asesorado por Durán Barba cambió su perfil de frío empresario, para pasar a ser ese comprometido político que ganó las elecciones a jefe de gobierno con un gran caudal de votos.
Pero Néstor ahora está obligado a escuchar. Sabe que se juega mucho el 28 de junio, y por eso ahora cambio su perfil y su estrategia de campaña, ya no habrá confrontaciones duras, sólo habrá lugar para alguna ironía.
Lo que yo me pregunto es si esto le sirve, y si alguien realmente cree posible este cambio de cara al futuro. ¿Qué hará cuando este ubicado en su banca en la cámara baja, se enfurecerá ante las críticas, o las tomará como herramientas constructivas y buscará consensos?


El gran cuñado

Tinelli volvió a producir su programa de entretenimientos que tantos buenos resultados le dio. Ayer estrenó una nueva versión del “Gran cuñado”, una imitación del reality show Gran Hermano, pero con personajes de la política parodiados y personificados por su equipo de profesionales del entretenimiento. Una vez más Tinelli repite algo que le da réditos, una marca registrada del animador que sabe leer a la perfección las demandas de los televidentes, y les ofrece justo eso que quieren ver.

Más allá de si el modelo televisivo de Tinelli es bueno o malo, y si esta nueva versión de Gran Cuñado será buena o mala, hay un aspecto sociológico importante para analizar dentro de este fenómeno televisivo.

La ruptura que la corrupción política ha generado entre la sociedad y el mundo aristocrático, ha sido tan grande, que ya nadie cree en los políticos. El “que se vayan todos” fue un fiel reflejo de ello. La crisis moral por la que atraviesa el campo de la política lleva a que surjan productos como estos en los que se busca canalizar por el lado del humor, la profunda falta de credibilidad que hay en los funcionarios que están a cargo del manejo del país. Se busca entretener para hacer más llevadero el vacío de figuras en las que depositar la confianza y la esperanza.

Si esto es bueno o malo, no creo que sea necesario analizar. Habría que buscar el porque de este tipo de programas, y replantearse una serie de cuestiones como: ¿Sólo con reírme de los políticos basta, o debería hacer algo más para que las figuras de las que nos burlamos no estén más al frente del país? ¿No genera esto un efecto narcotizante y me separa de la actividad política? ¿Ayuda esto a los funcionarios, o acentúa su crisis moral?

miércoles, 15 de abril de 2009

LOS CANDITRUCHOS

En vez de llamarlas “candidaturas testimoniales”, a esta nueva movida del kirchnerismo para juntar votos, me parece un nombre más adecuado el del título. Es “una degradación a la democracia”, como dijo Hermes Binner el gobernador de Santa Fe. Frase que grafica a la perfección esta maniobra poco ética, pero legal, a la que apuesta el ex presidente Néstor Kirchner, para ganar en el conurbano bonaerense, el distrito más importante del país en cuanto a cantidad de votantes.

La jugada, básicamente y para ser claros (no como los funcionarios que se adhirieron a este circo político), consta de funcionarios que actualmente desempeñan un cargo estatal, que se mostrarán como los candidatos de las listas kirchneristas en sus distritos, pero que de ganar, jamás asumirán su banca en el Congreso, y dejarán ese puesto a los que venían detrás de ellos.

Según la nota de tapa de hoy de Clarín, 13 de los 20 intendentes del conurbano que son del partido del ex presidente se sumarán a la confusa jugada, para “sostener y apoyar el modelo”, como se los escucha decir, pero que en realidad quieren seguir percibiendo las retribuciones que el gobierno les da a través de la caja nacional por sus muestras de fidelidad. Hasta el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, parece que va a prestarse a poner su rostro en las listas del kirchnerismo para sumar más votos. El jefe de Gabinete Sergio Massa también lo hará en Tigre.


Se supone que uno vota a un político para que cumpla una función, el sufragio es un mandato social hacia los funcionarios, que de esta manera están embarrando la cancha y tornado poco claras las elecciones.

La votación es el principal acto democrático en el que participa toda la ciudadanía, y debería ser algo claro, trasparente, simple, y que refleje los verdaderos gustos de los votantes.

Es gracioso escuchar a los funcionarios del gobierno hablando de calidad institucional, cuando después llevan a delante este tipo de maniobras que parecen burlas a las instituciones básicas de la democracia.

Lo mismo le cabe a aquellos opositores que fueron elegidos para desempeñar un cargo, y ahora, de ganar una banca, renunciarían y asumirían su puesto en la legislatura, como se especula que hará la vicejefa de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti.

Si este es el avance de la democracia, no se a donde está el final de este camino, pero no creo que sea el lugar a donde pensaban llegar quienes impulsaron este modelo de gobierno que goza del beneplácito de la mayoría de los intelectuales y de los ciudadanos del mundo occidental.

Yo siento que con todos estos manejes pretenden engañar vilmente a la sociedad. En vez de poner las cosas sobre la mesa y en caso de perder, no pensar que es el fin de un gobierno o de un modelo de país, y seguir luchando desde el lugar de las minorías, buscando consenso y acuerdos que seguramente serán más productivos.

Se percibe desde el gobierno como que si se pierde esta elección se acaba todo. Este tremendismo que quieren imponer es escalofriante. No piensan en negociar, en dialogar, en buscar salidas conjuntas, si son minoría se derrumba el kirchnerismo, eso es lo más aberrante de este gobierno.
Esta búsqueda desesperada de votos a través de los canditruchos refleja un grado altísimo de inseguridad del PJ, que ante las casi seguras derrotas en Santa Fe y Córdoba, la provincia de Buenos Aires se trasformó en un bastión para el kirchnerismo que de ninguna manera están dispuestos a perder, y por eso se juegan todo por el todo, sin importar las consecuencias.

Otro reflejo de esta movida de los canditruchos que no es nueva, pero que ahora se volvió moneda corriente, es la falta de caras nuevas. Esto es quizá lo más amenazante para las esperanzas de cambio que tenemos los argentinos. Todo gira en torno a los mismos personajes. No hay nuevas propuestas ni figuras que impulsen ideas renovadoras y superadoras ante todas estas formas degradantes de hacer política.

En fin, la población tendrá la decisión final, o eso espero. Ya se los está intentando engañar, luego como de costumbre se los intentará comprar, y en algunos casos hay quienes no pueden votar por los candidatos que eligen porque no hay boletas, entonces me pregunto ¿La decisión final la tiene la gente? ¿No habrá que buscar alternativas a esta democracia presidencialista?